Jóvenes en busca de espacio
Abril 7, 2008
Con machacona perseverancia, Walter Veltroni, líder del centroizquierda italiano, repite en todos una frase más o Tengo la misma edad que la mayoría de los gobernantes de Europa; el líder del centroderecha no, y además ha sido cinco veces candidato a primer ministro”. El aludido, Silvio Berlusconi, que ha presidido ya dos gobiernos de centroderecha, tiene 71 años. Veltroni se permite por eso alardear de sus 52 primaveras al pedir a los italianos que le voten en las elecciones generales anticipadas de los próximos días 13 y 14.
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En la política italiana, Veltroni está en verdad en la flor de su juventud, si se tiene en cuenta que el primer ministro en funciones, Romano Prodi, tiene 68 años; que el presidente de la República, Giorgio Napolitano, tiene 82, y que el perenne Giulio Andreotti, de 89, siete veces primer ministro, ejerce aún desde su escaño de senador vitalicio.
La gerontocracia que impera en la política italiana, fenómeno único en Europa, es fiel espejo de una sociedad envejecida, que bloquea el ascenso de los jóvenes en casi todos los campos – de la empresa a las profesiones liberales, de la universidad a la televisión- y los condena por sueldo a la precariedad. La impresión de quien aquí vive hace cinco años es que sólo hay dos caminos para triunfar joven en Italia: para un hombre, jugar al fútbol, y para una mujer, hacerse velina,esto es, azafata televisiva con nociones de baile.
“En Europa, los jóvenes italianos son los que menos cuentan en su país desde el punto de vista social, económico, demográfico y político”, sostiene Alessandro Rosina, demógrafo de la Universidad Católica de Milán, en su estudio sobre veinteañeros y treintañeros, presentado la semana pasada. El informe retrata el tapón generacional que frena a esas franjas de edad.
De hecho, Rosina, de 39 años, es uno de los afortunados menores de 40 años que enseñan en universidades italianas (son sólo el 17% del total), abundantemente pobladas por catedráticos setentones. Según su estudio, parte del problema es demográfico: en muchos países europeos los menores de 25 años constituyen más del 30% de la población, mientras que en Italia son menos del 25%. Luego, un sistema sociocultural que prima los contactos personales por encima el mérito dificulta enormemente el acceso de los jóvenes a la vida laboral.
Estos días se proyecta en los cines la película Tutta la vita davanti (toda la vida por delante), de Paolo Virzì, que está dando mucho que hablar porque, con brío e ironía, ilustra el drama de los jóvenes italianos por la precariedad laboral. En la cinta, una recién licenciada en Filosofía con matrícula de honor se ve rechazada una y otra vez en entrevistas de trabajo, y acaba de telefonista en un call center siniestro. Desde el estreno del filme, en los diarios abundan las cartas al director de jóvenes que se identifican con la protagonista, y alertan de que se verán obligados a emigrar.
Durante la campaña electoral, la precariedad laboral de los jóvenes ha sido evocada por Veltroni y, con mucha menor lucidez, por Berlusconi. En un programa televisivo de marzo, una estudiante le preguntó qué haría para solucionar ese problema, a lo que il Cavaliere contestó jocosamente: “Con esa sonrisa, cásese con mi hijo o con el hijo de un millonario”. La oleada de indignación fue tal que el rico Berlusconi se apresuró a asegurar que bromeaba.
En política, las cuentas de edad están claras, independientemente de quién sea al final primer ministro. El análisis de Rosina sobre probabilidad de ser elegido parlamentario en función del lugar ocupado en las listas de los dos grandes partidos indica que la edad media de quien logrará un escaño es de 53 años. Los excluidos de la política tendrán de 42 años para abajo, como en la Italia real.
Fuente:lavanguardia.es