La estabilidad gubernamental constituye para Italia una adquisición importante; pero debe ser acompañada de capacidad de gobierno. El nuevo primer ministro iniciará con importante respaldo la tarea de lograr aquello que no pudo en las dos ocasiones anteriores

En Italia existe, evidentemente, una mayoría de electores que apoyan principalmente a coaliciones de centroderecha. El centroizquierda rara vez ganó, sólo gracias a coaliciones heterogéneas dirigidas por Romano Prodi y que ni siquiera él supo manejar con éxito. En suma, Berlusconi y su formación política, es decir la Liga de Umberto Bossi y Alianza Nacional de Gianfranco Fini, representan de manera convincente una mayoría política y social de los italianos.

El intento realizado por Walter Veltroni de crear un partido, llamado Democrático, relativamente nuevo, con presunta “vocación mayoritaria”, pero en esencia no mucho más que la suma de los ex Demócratas de Izquierda y la Margherita, no funcionó. Lamentablemente, los seguidores de Veltroni no parecen dispuestos a reflexionar a fondo sobre las causas de su clara derrota y prefieren subrayar tres éxitos ciertamente importantes, pero a la vez ciertamente no decisivos y no promisorios para el futuro.

El primero es que, por primera vez desde que en 1976 el Partido Comunista obtuvo el 34,4% de los votos, existe en Italia un partido “reformista” que, solo, tiene 33% de los votos. El segundo resultado exitoso es que desapareció del Parlamento la extrema izquierda, formada por ex comunistas y por verdes, aplastada por sus contradicciones y por la incapacidad de hacer propuestas políticas convincentes. El tercero es que la formación política italiana se simplificó notablemente. En el Parlamento que podría durar de 2008 a 2013 habrá solamente cinco grupos: el partido de Berlusconi (y Fini) llamado Pueblo de las Libertades, la Liga, el Partido Democrático, Italia de los Valores de Di Pietro y la Unión de Centro de Pierferdinando Casini.

Son dos los motivos de interés de esta nueva situación. El primero tiene que ver con el rol del Partido Democrático que, pese a algunos comentarios entusiastas de sus seguidores, se verá obligado a hacer una oposición difícil teniendo solamente 217 bancas en la Cámara y 118 bancas en el Senado. Además, después de la desaparición de la izquierda, el PD corre también el riesgo de deslizarse aún más hacia el centro para conseguir algún acuerdo con la Unión de Centro.

El segundo elemento de interés está constituido por la fuerza de la Liga que ganó prácticamente en todas partes, superando el 8% de los votos y logrando además penetrar en Emilia Romagna, una de las regiones “rojas” más sólidas. Naturalmente, la Liga obtendrá algunos cargos importantes de gobierno y pidió enseguida la aplicación del federalismo fiscal: porcentajes elevados de los impuestos pagados por los ciudadanos deben quedar en las regiones donde se pagan.

Sobre Berlusconi, magnate de la televisión que ingresó en la política para quedarse, a esta altura deberíamos saber todo y no es tampoco difícil prever sus políticas. Ya prometió eliminar el impuesto sobre las casas. Garantizó que intervendrá para salvar a Alitalia, pero no podrá hacerlo con ayuda del Estado porque la Unión Europea no lo permitiría. Se reunió como primer dirigente político con su amigo Vladimir Putin, que será primer ministro de Rusia.

Tiene la posibilidad de ejecutar todo su programa, ya que su mayoría no sólo es sólida sino también solidaria. Por otra parte, su próximo objetivo parece ser la elección a la Presidencia de la República. De modo que gobernará sin generar demasiados conflictos ni demasiadas tensiones y posiblemente ceda el cargo de primer ministro antes de que termine su mandato para exhibir su figura de estadista, lo cual tornaría más fácil su ascenso al Palacio del Quirinale.

La estabilidad gubernamental para un país como Italia constituye una adquisición importante, pero debe ser acompañada de capacidad de gobierno. En este terreno, las pruebas anteriores de Berlusconi no son alentadoras. En el período 2001-2006, la economía italiana retrocedió no precisamente pocos pasos. En la actualidad, si bien el gobierno Prodi había iniciado una recuperación económica pequeña, aunque real, no hay desarrollo e Italia sigue estando en los últimos lugares en tasa de crecimiento entre los países de la Unión Europea. La impresión general es que Italia está a la espera de importantes novedades; que, en particular, el Norte desea, contradictoriamente, menos presencia del Estado y más apoyo a sus actividades económicas, que Berlusconi es más cauto que en el pasado y también más consciente de que no tiene ninguna varita mágica.

Su slogan electoral fue “¡Levántate, Italia!”. Tal vez la solución sea más difícil de lo que él mismo creía. Quince años de transición difícil e incompleta desde lo que llamamos la Primera República a un nuevo orden partidista e institucional han dejado herencias negativas, difíciles de superar aun para Silvio Berlusconi y su optimismo.

Fuente:Clarín.com

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